¡Cuánto quiero a mis hijos!

     ¿De verdad queremos lo mejor para ellos?

    Mi madre decía "el mucho bien, hace mucho mal" y después de haber consumido el 90% de la vida lo comprendo en toda su extensión. 

    Yo siempre he pensado que los hijos están aquí porque nosotros hemos querido. Tenemos una deuda con ellos y tenemos que pagarla. Los hijos no son un juguete y si una gran responsabilidad. Pero actualmente parece ser que ya son parte de los muebles que hemos comprado para vivir nuestra vida. Y si lo pensamos fríamente veremos que es una realidad, aun en el mejor de los casos.


     
Vemos, sin pestañear, la noticia de que una mujer de 70 años que deseaba ser madre ha recurrido a la inseminación artificial o a un vientre de alquiler para tener un hijo. ¡Que buena mujer! Ese niño va a ser querido y mimado. ¿Qué? ¿De que me estás hablando? Ese niño se criará sin madre o con una abuela en lugar de una madre. La edad no perdona y ya vemos lejos esos tiempos en que nuestras madres eran poco más mayores que sus hijas, podían ser sus amigas, con gustos parecidos y la suficiente juventud como para pasarse una mañana jugando con ellas o el padre, también joven, vestido de indio ir tras el vaquero que nos esperará detrás de un árbol y nos derribará con una fuerza "enorme" para sus siete años de edad. Y estamos dejando aparte el que podamos tener tiempo porque es posible que no lo tengamos o lo necesitemos para nosotros porque estamos muy cansados del trabajo.

    ¿Cuándo tomamos decisiones las tomamos pensando en ellos? Hay algunas que si y otras en las que están ausentes totalmente.

    ¿Piensan los padres en ellos cuando se les utiliza para atacarse los unos a los otros? ¿Se piensan en ellos cuando se les permiten ciertas cosas que no tienen nada que ver con la libertad? Yo creo que una gran parte de las decisiones son por nuestro propio disfrute. Es más fácil dejarlos hacer que explicarles que una mala decisión puede amargarles la vida futura. Y sin dudar serán conscientes de ello si estuvieran acostumbrados a que sus padres siempre han tomado en cuenta su futuro para cualquier decisión que hayan tomado.

    También es difícil engañarles, no se van a creer que se pensó en ellos cuando se recurre a una separación si no hay una causa muy justificada, podemos encontrar mil razones buenas para nosotros pero ellos son demasiado listos como para no ver que son otras las causas que las motivan.

    ¿Acaso pensamos en ellos cuando desde pequeños intentamos que piensen como nosotros? ¿Los hacemos felices si se les infecta el alma con odios hacia los rojos si somos azules o a los azules si somos rojos? ¿No somos conscientes de que ellos están viviendo otra realidad? No existe mayor enemigo para una persona que él mismo y, por lo tanto, unos padres que destilan odio harán infeliz a un niño mientras crece y desgraciado cuando sea adulto. 

    Lamentablemente toda la política actual gira sobre las bases de conseguir ciudadanos económicos y consumidores y no en la de hacernos felices; por lo que se intenta, y se consigue, manejarlos desde la más tierna edad con la ayuda inestimable de unas escuelas manipuladoras. Y muchas veces es con la ayuda de los padres, quizás pensando que no hay otro camino. 


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